Si
permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que
queréis, y os será hecho. (Juan 15:7)
Jesús dijo muchas
veces que la oración podía hacer lo imposible, realidad. En el versículo de
hoy, nos entrega una hermosa promesa: Si permanecemos (esperamos) en Él y sus
palabras permanecen (se quedan) en nosotros, nuestras oraciones son
contestadas.
Si ponemos en práctica
la condición del versículo de hoy, entonces siempre vamos a pedir bien, porque
cuando caminamos junto a Dios y vivimos conforme a Su Palabra, aquello a lo que
aspiramos, estará dentro de su voluntad de paz, bienestar y bien, para cada uno
de nosotros.
Y es que cuando la
palabra de Dios permanece en nosotros ella nos mueve a obedecerla, ella nos
guía a cambios, a modificaciones de actitudes, palabras y obras de tal manera
que produce una vida de fe y obediencia que nos capacitan para poder pedir y en
consecuencia recibir de Su inagotable provisión.
Recuerda, Dios ha
elegido moverse a través de nuestras oraciones para hacer grandes cosas que no
sucederían de ninguna otra manera. Cuando buscamos su presencia, Él nos da luz
para el camino que tenemos por delante y nos revela sus propósitos.

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