Pero Dios, que es rico en misericordia,
por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos
dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos) (Efesios 2:4-5)
¿Puede una persona estar oficialmente viva después de
ser declarada legalmente muerta? Esta pregunta se convirtió en una noticia
internacional cuando un hombre apareció 25 años después de haber sido declarado
desaparecido. En aquel momento, no tenía trabajo, era adicto a las drogas y
había dejado de pagar la cuota alimentaria para sus hijos. Por eso, decidió
desaparecer. No obstante, al reaparecer, descubrió cuán difícil es volver de la
muerte. Cuando fue a los tribunales para revertir el fallo que lo declaraba
legalmente muerto, el juez rechazó su pedido, ya que se requería un período de
tres años para modificar la medida.
Ese pedido inusual a un tribunal humano es una
experiencia habitual para Dios. En su carta a los efesios, Pablo señala que,
aunque estábamos espiritualmente muertos, Dios «nos dio vida juntamente con
Cristo» (Efesios 2:1, 5). No obstante, declararnos y hacernos
espiritualmente vivos fue una cuestión sumamente dolorosa para Dios, ya que
nuestro pecado y su consecuente muerte espiritual exigieron el sufrimiento, la
muerte y la resurrección de su Hijo (vv. 4-7).
Una cosa es probar que
estamos físicamente vivos, pero nuestro desafío es demostrar vida espiritual.
Al ser declarados vivos en Cristo, se nos llama a vivir agradecidos por la
inconmensurable misericordia y la vida que hemos recibido

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