Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo
conocerá? Yo el Señor… pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino,
según el fruto de sus obras. (Jeremías
17:9-10)
En nuestra sociedad, donde la imagen está presente en todo,
la apariencia cuenta mucho. Podemos
engañar a mucha gente cuidando las apariencias, pero Dios mira el corazón, y es
imposible esconderle algo. Por ellos nos
muestra lo que hay en lo más profundo de nuestro corazón, para que vivamos en
la realidad. La Biblia nos dice
abiertamente de donde viene el mal: “De dentro, del corazón de los hombres, salen
los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los
hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las lascivias, la envidia, la
maledicencia la soberbia, la insensatez” (Marcos 7:21-22). El mal estado de nuestro corazón es la fuente
de los males que padece toda la humanidad.
¿Somos conscientes de que esta es la descripción de nuestro
propio corazón, y no sólo la del corazón de un criminal? Existe el mismo potencial de mal en cada
persona. Toda la fealdad de este lugar
tenebroso conocido por Dios fue puesta en evidencia a través de la cruz de
Jesucristo. Toda la maldad del corazón
humano se manifestó cuando Aquel que traía la gracia y la verdad fue
crucificado. Y allí en la cruz soportó,
por todos los que creen en Él, el juicio que ellos merecían.
Dios espera que estemos de acuerdo con Él cuando
nos revela nuestra verdadera naturaleza.
Quiere que reconozcamos nuestro estado de desesperación y que aceptemos
el único remedio que nos propone: la fe
en Jesucristo, quien nos amó y se entregó a si mismo por nosotros.

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